José Gregorio

La Obra de Dios

Hace 24 años, nació en Maracaibo el 6 de septiembre un varón, hoy día un hombre que no pudo imaginarse jamás lo que es y lo que será. Sus primeros años de vida se vieron marcados fuertemente por enfermedades renales que, según los médicos, le impedirían crecer como un niño normal.

Hiper-calciuriae hipo-citraturia Renal, y otra cantidad de cosas, que le impidieron vivir lo que todo niño vive normalmente. Imagínense a un niño, sin poder comer ningún derivado lácteo, sin poder comer helados, tortas; comiendo Korn Flakes con jugode naranja, porque no podía leche, arepas con mostaza y toda una serie de restricciones alimenticias, que a ningún niño le gustaría tener. Además los cólicos renales, eran tan fuertes, que aquel pobre niño no pudiendo soportar el dolor, se desmayaba cada vez.

Un buen día, 5 años después de su nacimiento, y de vivir con esta terrible enfermedad, llegó una noticia, que de acuerdo a la enfermedad era inminente. Al niño debían sacarle un riñón, porque no le servía para nada y del otro esperar que se dañara. Decenas de medicamentos, incluyendo remedios caseros, hervidos de abuelas, hojas de “Yo no sé qué”, agua de Coco, raíz de pringamosa con piña, tuvo que resistir el niño para negarse la realidad que le apremiaba. Es considerado “Un buen día” porque de alguna manera, algo fuerte, como una roca, comenzó a gestarse en el espíritu del niño: La Fe.

La madre del niño, desconsolada ante tal noticia, se arrodilló en el pasillo del hospital, llorando, frente al niño, diciéndole, pidiéndole a Dios que metiera su mano. El niño se acercó a ella y le dijo, “Mami… es que no tenéis Fe en Dios” “es que no escuchas la voz de Dios que te está hablando en tu corazón” “No lo escuchas porque estás llorando”. Aquellas palabras, de aquel niño, no podían venir de un alma alejada de Dios, sino de un alma que, por gracia de Dios, estaba cerca de Él. Siempre he escuchado decir, que los niños están más cerca de Dios, que cualquier adulto, son más sensibles a escuchar las palabras del Maestro.

Dos semanas después de la lamentable noticia, Teresita Alvarado, la abuela materna del niño, devota ferviente del Dr. José Gregorio Hernández, le enseñó al niño una lección que jamás olvidaría. Le dijo a su nieto: “Mi amor, Él (señalando al Siervo de Dios) es muy amigo de Papá Dios, si le pedimos con Fe a Papá Dios que le dé un permiso para que te sane, él le dirá a Papá Dios y Papá Dios te Sanará, con la mano del Dr. José Gregorio”. La noche de ese día, en que para todo el mundo en la casa, se acercaba simplemente la intervención quirúrgica, fue distinta para el niño. El Niño tuvo un sueño en el que el Dr. José Gregorio, le decía que no se preocupara, “Yo soy tu amigo y el amigo de tu abuelita”, “me voy a llevar el Cálculo que tienes”, “Todo va a estar bien”. Qué noche la de aquel niño.

Al día siguiente, con una alta fiebre, y muy exaltado, el niño gritaba ¡El Dr. meSanó! ¡El Dr. me Sanó! La fe comenzaba a crecer, y la obra de Dios se comenzaba a vivir.
Un día antes de la operación, en la cual le extraerían todo el riñón izquierdo, porque no servía para nada, haciendo las últimas pruebas y los últimos ecos renales, se dieron cuenta de que Dios había escuchado la plegaria del niño. Milagrosamente un riñón que, “tupido” de cálculos, no funcionaba para nada, ese día, no tenía nada. ¡Cero cálculos, cero dolor!… ¡Dios había actuado!.

Los doctores decían que el niño, aún cuando ya, efectivamente no tenía nada el riñón, crecería con algunos problemas, y no se desarrollaría bien. Su estatura se vería afectada y otra cantidad de pronósticos nefastos; pero Dios se ha encargado de obrar nuevamente, por encima de la razón humana. Hoy a casi 18 años después del milagro, el adulto, ya mide un metro ochenta y dos (1.82) centímetros. Y se ha desarrollado a lo largo de su vida en perfectas condiciones, como si nunca hubiese estado enfermo.

La fe de aquel niño trajo frutos, la Misericordia de Dios, su Gracia infinita, se han posado sobre los hombros de alguien que no es merecedor de tal regalo. Aquella fe, resultó en un alma consagrada a Dios en el Celibato. Pero además esa fe, regalo de Dios, también arropó a la familia del joven. Y hoy, pues, solo para Gloria de Dios, son TODOS consagrados, en una comunidad de vida consagrada, Católica, que se llama “Jesús es Señor”.

Aquel niño con aquella fe, que le abrazaba, y que ganaba en tamaño, se llama Randy José Albornoz Alvarado, quien les escribe esta breve Crónica. Dios ha sido misericordioso conmigo, me ha Amado, y me ha enseñado, a lo largo de mi vida, que del sufrimiento, es de donde emana el Amor. Un gran Santo dijo alguna vez, “Qué sabe de Amor, quien no ha sufrido”. Y es el sufrimiento de Jesús, en la Cruz, de donde emana el Verdadero Amor. Es Él, quien nos regala la fe, y la capacidad de aguantar en el Dolor.

Muchas veces me he sentido afligido y abatido por los problemas, pero recuerdo siempre aquellas palabras de mi Amigo el Dr José Gregorio Hernández: “Todo va a estar bien” y también resuenan en mí las palabras de mi Señor, mi Maestro, cuando me dijo en medio de aquella gran tormenta: “¡No tengas Miedo!”.
Hoy te digo, a ti, lector, “¡NO TENGAS MIEDO!”, “Todo va a estar bien”, ¡El Señor está contigo!, ¡No abandones a Dios, que Él Jamás te abandonará!. ¡Él te Ama!,y lo ha hecho ¡siempre! Has sido tú el que te has alejado. Hoy: ¡Búscale!, y te aseguro, encontrarás las respuestas que estás buscando y su Amor incondicional te alcanzará, si él lo hizo con nosotros también lo hará contigo. Amén.